¿Me lo merezco?
¿Es tuyo lo que ganas? ¿Són tuyas tus victorias? En este artículo analizo el mito de la meritocracia y por qué reconocer la suerte nos hace mejores emprendedores.

Nací en una familia de clase media. No lo elegí yo.
No tuve ningún trauma durante mi infancia. Tampoco lo elegí yo.
Conocí a amigos que me duraron toda la vida. Yo no elegí a qué colegio ir, y mucho menos elegí mis amigos con 3 años.
Heredé la suficiente capacidad intelectual como para aprobar las asignaturas del cole sin mucho esfuerzo. Genética.
En el paso de primaria a instituto, me cambié de colegio. No conocía a nadie. El primer día de clase, un niño vino a saludarme y a estar conmigo sin motivo aparente. Me presentó a su grupo. Por lo visto su madre era ex-profesora del colegio donde iba, y conocía a la mía. Mandó a su hijo estar conmigo en mi primer día de clase para que no se me hiciera tan duro.
Siguen siendo mis mejores amigos después de 22 años. No fumaban. No bebían. No hacían gamberradas. Éramos los frikis. Veíamos anime, dibujábamos cómics y quedábamos para jugar a videojuegos. Durante los años de instituto desarrollé mis primeras habiliades creativas estando con ellos.
Uno de los del grupo, me introdujo en el mundo del 3D. Me flipó.
Quería convertirme en inventor junto mi amigo de la infancia. Nos apuntamos a hacer la carrera de ingeniería industrial. No costó aprobar la selectividad.
Un día, durante la carrera, estaba sentado en una silla del pasillo, esperando a que empezara una clase. Una chica vino a proponerme jugar a un juego de mesa porque les faltaba alguien.
Esa chica acabó presentándome a la que ha sido la mujer de mi vida y madre de mi hijo.
Un dia, en casa de uno de mis amigos de la infancia, descubrí lo que era ser DJ. Tenía un equipo nuevo y estuvimos pinchando.
Más adelante, este amigo pincharía en algunas discotecas porque tenía un amigo manager que lo enchufó.
A veces él no podía ir, y fui yo.
Gané mi primer dinero como emprendedor.
Cuando acabó la carrera, mi pasión por el diseño en general me hicieron prestar atención al Máster en Diseño y Desarrollo de Producto. Privado. Mis padres pudieron pagarlo y lo hicieron.
Allí, un nuevo jefe de estudios había decidido introducir una asignatura nueva: Una en la que aprendimos a diseñar desde cero nuestro propio estudio de diseño. Vi claro que yo quería eso.
Unos meses después, uno de los profesores del Máster, viendo que se me daba bien el 3D (lo hacía desde el instituto) me contrató de prácticas.
Su estudio de diseño era en realidad un estudio de 2 personas. Él, y yo.
Yo trabajaba. Y él me guiaba, corregía, y luego facturaba. Me enseñaba el negocio.
A los 6 meses, tenía conocimiento de primera mano de cómo llevar el negocio. Sacado del mundo real.
Conseguí mi primer cliente propio. Me fui del estudio. Y me fuí de casa (gracias a los ahorros de mi novia, porque yo no tenía).
Llegaba justo a fin de mes. Pero era freelance. Era emprendedor. El tener la libertad de levantarme a la hora que quisiera y no tener jefes lo compensaba todo.
Con el tiempo mis ingresos aumentaron. Mi experiencia aumentó. Y conocí a otros profesionales con los que sigo colaborando y haciendo que el negocio funcione más y mejor.
Ahora tengo un negocio que factura 6 cifras, una familia sana mental y físicamente, y un mundo de posibilidades por delante.
Y con esto llegamos al presente.
Y en esas que entro en LinkedIn y veo a un emprendedor (que gana mucho más que yo) posteando sobre cómo todo lo que ganas se va en impuestos. Que nos roban. Hago scroll, y veo otro empresario diciendo que si eres pobre es porque no te esfuerzas.
¿Realmente lo nuestro es nuestro? ¿O es una consecuencia de un infinito de causas y efectos? ¿Lo que gano me lo he ganado? ¿Qué significa merecer algo?
Todo mi éxito se basa en que cada una de las piezas del puzzle estaba donde tenía que estar. Naciendo en otra familia, todo mi destino habría cambiado.
¿Tan difícil es aceptar que si estamos donde estamos es porque tenemos suerte?
Creo que una sociedad consciente y moral es una sociedad donde, del modo que sea, se implementa un sistema de equidad de oportunidades.
Una sociedad humana no puede ser moral si el lugar donde naces determina si eres un homeless o un especulador inmobiliario. Es completamente absurdo.
A Peter Parker le picó una araña. Podría haber sido a otro. Pero fué a él.
Y su tio le dijo: Un gran poder conlleva una gran responsabilidad.
Una sociedad realmente moral es aquella donde la gente que ha tenido suerte, entiende que uno de sus propósitos es ayudar a aquellos que no la han tenido.
Si eres emprendedor, te animo a que revises tus objetivos vitales, porque la verdadera felicidad se encuentra cuando empiezas a dar de vuelta todo aquello que el mundo te ha dado.
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