La maldición de la libertad
En uno de sus muchos días de aburrimiento, los Dioses tienen una idea. Analizo el rol del concepto de libertad dentro del capitalismo en el que vivimos.

En uno de sus muchos días de aburrimiento, los Dioses tienen una idea.
Traen a 6 personas aleatórias del mundo a su coliseo y les proponen un juego con tres simples normas:
- Cada jugador pondrá su vida en juego. Perder significa morir. Ganar significa vivir.
- Los jugadores deben hablar y acordar qué juego jugarán, y sus normas.
- Si no se ponen de acuerdo en el juego o se niegan a jugar, todos los jugadores mueren.
El primero en hablar es corredor. Propone hacer una carrera.
El culturista propone un concurso de levantar pesos.
El arqueólogo propone jugar a un trivia de historia.
El escalador propone escalar los muros del coliseo.
El bailarín, un concurso de baile.
Finalmente, el sexto hombre dice:
— Elegir cualquiera de estos juegos sería injusto. Habéis propuesto aquellos juegos donde sabéis que váis a ganar. Hay que elegir algo donde estemos en igualdad de condiciones. Hay que jugar a un juego donde todos tengamos las mismas oportunidades.
— Propongo jugar a un combate a muerte entre todos, sin normas. Sin reglas. Solo así sería justo, porque cualquier regla beneficiaría a alguien en particular. Deberemos utilizar nuestros conocimientos y habilidades específicas a nuestra manera para desenvolvernos. Es el único camino.
Los demás asienten. Si cada uno intenta defender su juego, acabarán por no decidirse y morirán todos de igual forma.
Está decidido. Jugarán al juego de todos contra todos.
Suena un gong y el juego empieza.
El sexto hombre saca una pistola de su bolsillo y mata a todos los demás en cuestión de segundos.
Los Dioses se ríen.
El hombre misterioso se afloja la corbata, aliviado.
Un Dios curioso le pregunta:
— ¿Habrías propuesto “libertad para todos” si no tuvieras la pistola?
— Por supuesto que no. Responde.
Al fin y al cabo, todas las personas habían propuesto el juego donde sabían que ganarían.
La única diferencia es que el último había creado un relato donde lo planteaba como la única opción justa, sabiendo que el juego estaba amañado desde el principio.
— Solo un Dios es tan cruel.
El hombre sonríe, halagado.
Durante la época dorada de Hollywood, la industria tabaquera pagó a estrellas del cine para que fumaran en la gran pantalla.
Los hombres, ejerciendo su libertad, empezaron a fumar y si volvieron adictos al tabaco.
Pero no funcionó con las mujeres.
Así que en 1929 pagaron a mujeres para que fumaran durante un multitudinario el desfile feminista famoso de la historia de EEUU. Y para rematar el trabajo, crearon campañas centradas en convertir el tabaco en una herramienta para adelgazar (eso nunca falla) con eslóganes como "Reach for a Lucky instead of a sweet”.
Ahora, la mujeres también consumían libremente.
A estas alturas, afirmar que “no hay nada de malo en ello porque todo fueron intercambios voluntarios sin coacción” es simplemente estúpido.
Cuando un capitalista, financia y vende un discurso de “libertad”, se refiere a “libertad para él”. Y en la gran mayoría de casos, la libertad para él reduce la libertad de todos los demás.
El consumidor no determina lo que hacen los capitalistas a través de su comportamiento.
Los capitalistas definen la demanda y crean las necesidades. Tienen el dinero y el poder para hacerlo. Y no se lo han ganado aportando valor a la sociedad precisamente.
No somos libres, mientras ellos lo sean. Y para que nosotros seamos libres, ellos no pueden serlo.
El juego de la libertad está amañado. Vigila con quién se beneficia cuando defiendes esta bonita palabra.
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